Derriban el que fuera pabellón de la Santa Sede de la Exposición Universal del 92
20minutos – 24/4/2008
J. Luque / M. Conde
El que fuera pabellón de la Santa Sede de la Exposición Universal de Sevilla de 1992 tiene las horas contadas.
Los trabajos de derribo ya han comenzado. Los obreros de Voladuras & Demoliciones , compañía especializada en estas labores, iniciaron los trabajos sobre las 7.15 h.
Ayer, el edificio quedó acordonado y se llevaron a cabo los trabajos previos a la demolición: el desalojo de su interior.
Fuentes de la propietaria, la Confederación de Entidades para la Economía Social de Andalucía (CEPES-A ) han explicado a 20minutos.es que el derribo “era un proceso que estaba en marcha” y que todas las informaciones relacionadas con el pabellón de los últimos días “sólo ha salido en los medios”.
Licencia
La Comisión Ejecutiva de la Gerencia de Urbanismo aprobó la concesión de licencia para el derribo la semana de Feria. La empresa alegó que el edificio “no es funcional” y que no aguantaría modificaciones y reestructuraciones.
El pabellón (ocupa unos 2.300 metros cuadrados y tiene edificabilidad de hasta 6.000 metros cuadrados) se sustituirá por la nueva sede de la empresa andaluza.
A la empresa, “no ha llamado ni Miguel Oriol (el arquitecto que diseñoço el pabellón, ni Aprocom (Federación Provincial de Comerciantes), ni Cultura“. En este sentido, mantienen que si la Consejería de Cultura les hubiera pedido que paralizaran los trabajos “lo hubiéramos hecho”.
Fuentes de Cultura recuerdan que la Administración andaluza todavía está redactando un informe técnico sobre la posibilidad de proteger este pabellón tal y como ya ha ocurrido con otros de la Isla de la Cartuja.
Propuesta
Aprocom elevó a principios de semana una propuesta a Urbanismo para conservar el pabellón.
Su iniciativa pasaba por firmar un convenio a tres bandas que permitiera la permuta a la propietario de este pabellón por otros terrenos y la concesión del edificio a los comerciantes por 99 años.
El desigual trato al legado de la Expo
ABC de Sevilla – 20/4/2008
J.J. Borrero / M.J. Pereira
La piqueta amenaza con eliminar otro referente del paisaje arquitectónico que nos legó la Expo. En quince años, la postal del recinto que acogió la Muestra ha cambiado sustancialmente. Quedan iconos como el cohete Ariane 5, las torres de la avenida de Europa, el auditorio o el pabellón del Futuro…, pero otras referencias han desaparecido para siempre o su pervivencia está seriamente amenazada. Justo cuando se cumplen hoy 16 años de la apertura oficial de la Expo, el balance del recuerdo vivo de aquella celebración que cambió la ciudad es muy desigual.
El Ayuntamiento ha acordado recientemente la demolición de otro pabellón de la Muestra, el de la Santa Sede, a petición de su actual propietario, la Confederación de Entidades de Economía Social de Sevilla, Cepes, que argumenta falta de funcionalidad del edificio.
Si no lo remedia la Consejería de Cultura, el pabellón correrá la misma suerte de otros que no consiguieron ser reutilizados por empresas o instituciones, o lo fueron y posteriormente quedaron abandonados. Los últimos en desaparecer han sido los de Checoslovaquia, Austria, Bélgica y Cruz Roja, además del añorado Palenque.
Algo similar pudo pasarle al pabellón de Hungría en 2007. Tras su cierre como sede del pabellón de la Energía Viva, se propuso su demolición. La movilización ciudadana pidió el indulto de este pabellón realizado en madera con forma de barco invertido. La Dirección General de Bienes Culturales decidió el pasado año declararlo Bien de Interés Cultura junto a los pabellones de Andalucía, España, Francia y Finlandia, para asegurar su permanencia.
No han corrido la misma suerte otros espacios emblemáticos de la Expo. Nada queda del Palenque, uno de los referentes más populares de la Muestra. La Consejería de Cultura no atendió en esta ocasión a las muchas voces que pidieron su conservación. Su desaparición tiene un importante argumento económico. Agesa, la sociedad estatal heredera de los activos de la Expo, decidió su demolición para construir un centro de negocios sobre los suculentos 24.000 metros cuadrados que ocupaba el enorme escenario coronado por la lona de conos. El futuro edificio de oficinas, que aportará importantes dividendos a Agesa, se beneficiará del incremento de edificabilidad que otorga además el PGOU en altura a la Cartuja y que está modificando ya la línea de cielo del recinto Expo.
Nadie conoce a nadie
Si nadie lo evita, algo parecido puede ocurrirle en breve al pabellón de la Santa Sede. La simulación por ordenador que pudimos ver en la película «Nadie Conoce a Nadie», de Mateo Gil (1999), en la que saltaba por los aires el pabellón de la Santa Sede de la Expo podría hacerse realidad aunque sin pólvora.
El delegado de Cultura, Bernardo Bueno ha confirmado a ABC que técnicos de la Consejería se encuentran ya realizando un informe sobre las características del edificio para determinar si cumple los requisitos para protegerlo como Bien de Interés Cultural. El informe podría estar concluido la próxima semana, aunque la propiedad del edificio ya cuenta con la licencia de derribo. Bueno no cree que en una semana se produzca la demolición del pabellón sin que haya resolución de Cultura al respecto.
Pero en este caso, como ocurrió con el Palenque, hay un trasfondo económico inquietante. La propiedad se ha mostrado sorprendida por el interés mostrado por Cultura de preservar el edificio, tras la petición que hiciera la asociación conservacionista Adepa. La sorpresa se debe a que fue la propia Junta de Andalucía la principal interesada en la venta del pabellón. Desde hace un año, organismos de la Junta sabían de la pretensiones de Cepes con respecto al edificio.
Cepes compró a Andalucía Aeroespacial el pabellón y pagó directamente a la Junta de Andalucía 9,5 millones de euros por el edificio al estar la antigua propietaria en proceso de liquidación. La Junta había otorgado subvenciones a la sociedad vía IFA y avalado varios créditos de la misma, siendo por tanto principal acreedor en la liquidación. Con la compra del edificio se canceló la deuda.
Frente a los criterios económicos y empresariales, se lanzan pocas voces en la ciudad interesadas en un debate sustentado en los valores arquitectónicos, históricos, culturales y de uso público del legado Expo. Adepa y el Grupo de Ciudadanos Independientes de Sevilla, son de los pocos ejemplos a salvar. La ciudad no se plantea ya un debate sobre la necesidad de preservar, no ya este pabellón en concreto sino todas las singularidades arquitectónicas y de diseño que han resistido el paso de los años y que sobreviven en la isla de la Cartuja como paisaje Expo.
Quizá el momento del debate sobre el destino de lo que fue la Expo debió plantearse años atrás cuando se redactaba el PGOU de la ciudad. En 2002, en esa coyuntura, se organizó una mesa redonda sobre «la arquitectura del 92», en la que buena parte de los ponentes, de primer orden en el panorama nacional de la arquitectura, apostaban muy poco por la conservación. Frente a la opinión de otros compañeros, Víctor Pérez Escolano advirtió entonces de que el derribo de los pabellones no garantizaba que lo que fuera a construirse en sus correspondientes solares tuviera que ser mejor. El futuro le ha dado la razón. Con salvadas excepciones, las nuevas construcciones no han revolucionado el paisaje urbano de la Isla con propuestas sorprendentes, más bien la han colmatado y homogeneizado como un simple distrito de oficinas, en el que poco se han atendido las zonas verdes y espacios públicos (el Palenque, por ejemplo estaba como tal concebido). Ya en 2002, Moneo, que consideraba muy precario el uso de un suelo tan bueno, advertía de la impersonalidad de lo que fue espejo de Sevilla al mundo: «ni jardín, ni lugar de oficinas, ni público, ni privado»
Entre las voces que ahora reclaman mayor protección a los valores arquitectónicos que dejó la Expo se encuentra la del arquitecto Miguel de Oriol, autor de los pabellones de la Santa Sede y de Cruzcampo. Además de considerar como «un disparate» el derribo de su pabellón, Miguel de Oriol considera que tirar estos edificios es acabar con un activo arquitectónico e histórico. «Una riqueza de la que no se puede prescindir». El aquitecto defendió en 1992 una Expo en el corazón de Sevilla. «Se optó por la isla, pero es un artificio un anexo a la ciudad: Por eso debería haberse previsto una inversión específica para la reutilización de este espacio y dotarlo de actividad». De Oriol piensa que ahora, abocados a una importante crisis inmobiliaria, no es el mejor momento para plantearlo. Se han perdido los buenos tiempos «Todo lo que sea conservar el pasado es positivo. La Palmera, de la Expo del 29, que no era nada se convirtió en una de las zonas más caras de Sevilla. Con la isla puede pasar lo mismo pero habrá que esperar otra generación. Sevilla tiene una personalidad tan propia que es conocida en el mundo entero. Cualquier barrio de Sevilla a 30 años vista tiene futuro. Que no tiren nada porque cada pieza tiene historia y de esa pieza siempre se podrá sacar beneficio».
Los grandes vacíos
Miguel de Oriol también proyectó el pabellón de Cruzcampo, actualmente sin uso y por tanto se considera por muchos igualmente amenazado. A finales de marzo se confirmó que el grupo sevillano Domo no ejecutó la opción de compra que tenía del pabellón, que se valoró en 12 millones de euros por la cervecera Heineken.
El de Cruzcampo, un pabellón de envergadura, no es un caso aislado, quedan, entre otros, dos símbolos de la Expo de gran capacidad sin uso y para los que las distintas opciones planteadas nunca se cumplieron. El pabellón del Futuro y el de la Navegación siguen vacíos. El primero, prometido para uso museístico, al igual que el segundo, pendiente del proyecto Puerto Triana. También a la espera de destino sigue el pabellón de la Comunidad Europea cuya colorista torre sigue siendo uno de los referentes visuales de la Cartuja.
Pero no son ejemplos únicos de la cara más sangrante del olvido de la Expo. Algunos de los iconos de la Expo sólo quedan en las fotografías de sus antiguos esplendores, como el Jum,botrom, el cine Omnimax, el telecabina o el monorraíl, las carrozas de la cabalgata, la peineta de la Puerta Triana… Especialmente lamentable es el estado de los jardines del Guadalquivir y Americano, cuya recuperación ha anunciado en numerosas ocasiones el Ayuntamiento durante años y que siguen a su suerte cerrados al público.
A dieciséis años de aquel 20 de abril que enorgulleció a Sevilla, un recorrido por las calles que fueron su recinto ofrece sensaciones más allá de la pura nostalgia. Se pudo hacer más por reutilizar la Expo como patrimonio de la ciudad.
Conservacionistas instarán a la Junta a que pare el derribo del pabellón de la Santa Sede, que piden sea BIC
Europa Press – 9/4/2008
EP
El Grupo de Ciudadanos Independientes de Sevilla ha reaccionado al proyectado derribo del Pabellón de la Santa Sede de la Cartuja, para el que Urbanismo comunicó que daría licencia en la Comisión Ejecutiva de hoy, señalando que pedirán de inmediato por escrito la intervención de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía con la finalidad de que paralice la demolición de este inmueble, para el que piden la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC).
El portavoz del Grupo de Ciudadanos Independientes, Antonio Egea, dijo a Europa Press que la oposición del colectivo a este anuncio es “total” y que, de hecho, la administración autonómica había respondido a su solicitud de que este pabellón fuera declarado BIC –calificación de la que ya gozan otros pabellones como el de la Navegación, Francia o Finlandia– “diciendo que tomaban nota y que iban a pasar a los departamentos correspondientes nuestra propuesta”.
Señaló Egea que su grupo tenía “confianza” en que se tomara en cuenta su propuesta, ya que “era uno de los pabellones más interesantes que había en la Expo y el propio arquitecto, Miguel de Oriol, se había ofrecido altruistamente a definir los usos futuros sin necesidad de tocar el edificio”.
En este sentido, el portavoz del Grupo de Ciudadanos Independientes alabó la estética de la construcción y la “imagen” ofrecida junto al vecino Pabellón de Hungría. Apuntó, en este sentido, que hay movimientos turísticos que asisten hoy día a ver lo que en su momento fue la Expo 92, por lo que animó al Ayuntamiento a “aprovechar y consolidar este itinerario desde el punto de vista turístico, como así se hizo con la Exposición Iberoamericana de 1929″.
Ante el proyectado derribo del pabellón, Egea aseguró que dirigirá escritos al alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), y a la Gerencia municipal de Urbanismo, para también instarles a la paralización, ya que, insistió, “funcionalmente no hay por qué derribarlo”.
Es más, indicó que el grupo al que pertenece ya ha expresado su deseo de que en Sevilla se haga una segunda exposición universal, bajo el argumento de que “revitalizaría Sevilla” y de que las ciudades que han gozado de un primer evento de estas características luego han repetido. Incluso dató el posible evento en el año 2019, donde se celebraría el V centenario de la salida de las naves que dieron la vuelta al mundo, “lo que supuso la constatación científica del mundo tal y como hoy lo conocemos”.
Urbanismo aprueba conceder licencia para demoler el pabellón de la Santa Sede
20minutos – 8/4/2008
Europa Press
La Comisión Ejecutiva de la Gerencia de Urbanismo prevé aprobar mañana la concesión de licencia a la Confederación de Entidades para la Economía Social de Andalucía (Cepes-A ) para derribar el pabellón de la Santa Sede de la Exposición Universal de 1992.
Cepes, actual propietaria del edificio, solicitó el derribo, alegando que el inmueble no es un edificio “funcional” y que no aguantaría modificaciones y reestructuraciones, puesto que no es una estructura concebida como perdurable.
Así fue como respondió a la Asociación en Defensa del Patrimonio de Andalucía (Adepa), que anunció que pediría a la Consejería de Cultura que evitara el derribo por su “interesantísima” arquitectura.
Fachada
El pabellón “no está habilitado” actualmente, según su pripietaria, para los usos que prevé la Confederación, que mantiene que estudió la posibilidad de respetar el entorno o la fachada, lo que los técnicos no aprobaron, asegurando que “la estructura del edificio no admite modificaciones o reestructuraciones”.
El edificio (lo sustituirá otro que se ajustará a la “imagen y sensibilidad” del entorno), ocupa una parcela de más de 2.300 metros cuadrados, con una edificabilidad de hasta 6.000 metros cuadrados. Fue adquirida por Cepes-A hace un año a Andalucía Aeroespacial para construir su nueva sede.